De amor y otras lecciones

 

¡Hola! Hoy quiero invitarte a que conozcas una parte de mí que muy pocas personas conocen pero me vi con el deseo de expresar pensando que alguien más podría identificarse con todo esto.

¿Te ha pasado que conoces a una persona con la que sientes que encajas de una manera increíble cómo un rompecabezas, con la qué disfrutas compartir todos tus logros, sueños y pasiones, las risas y silencios, quién te hace sentir tan especial, te hace sentir que vives en plenitud y toda esa felicidad se desborda?

Pero ¿qué pasa cuando de forma inesperada deciden renunciar a ti y dejarte ir?

Sientes cómo si jugaras Jenga, movieras la pieza equivocada y ves cómo todo lo que estaban construyendo se viene abajo, todos sus planes, los momentos que más disfrutaste se vienen abajo, que no pierdes sólo ese gran amor sino también una gran amistad, no tienes la claridad suficiente para entenderlo, cuesta aceptar la realidad, surgen muchas dudas y miles de preguntas que rondan tu cabeza, el insomnio y la ansiedad llegan a ti, sentir que arrebataron una parte de ti y quedó un enorme vacío, ya sólo te queda la esperanza de que algún día el tiempo lo curará todo y que comprenderás mejor los porqués y serás más fuerte que nunca.

Nunca nadie está listo para tener el corazón roto y mucho menos sabe cómo curarlo, aprendí que es normal desesperarse cuando el corazón duele porque a nadie le gusta sentirse así, es muy complicado ser paciente y amable con uno mismo mientras estás vulnerable; la solución para evitarlo no es cerrarle la puerta al Amor, no es vivir sin ilusión, no es dejar de dar todo de ti en una relación, al contrario siempre hay que darlo todo, hay que arriesgarse y si al final no sale cómo esperabas hay que volverse a levantar con dignidad, volver a amarte mucho más, ser más amable con uno mismo, soltar y dejar ir para después seguir intentando hasta encontrar a la persona correcta.

Dejar ir cuesta muchísimo y más cuando una relación era muy buena, resulta difícil desprenderse de la persona que amas pero no podemos obligar a nadie que nos ame y no podemos mendigar el amor de nadie, el amor es libertad, por lo tanto hay que respetar la decisión del otro de irse, sí que duele mucho pero depende de uno que tanto tiempo queremos que nos duela.

Vivir el proceso de duelo depende mucho de cada persona y cada relación, lo importante es no saltarse esa etapa, no es eterna, a mí en lo personal me ha ayudado mucho el trabajo y mis amigas a distraerme, el escribir ha sido buena terapia, leer a Walter Riso en Ya te dije Adiós y Ahora Cómo te Olvido me sirvió mucho para seguir de pie luchando por mis sueños y todo lo que quiero hacer, confieso que a lo largo de los meses he tenido mis días buenos y a veces tengo días malos, pero sigo de pie amándome más que nunca, dejando los apegos atrás, recordando la mujer fuerte que soy y sanando desde lo más profundo.

No te culpes de todo a ti mismo, sólo acepta la culpa que te corresponde, siempre perdona y ofrece perdón, siempre agradece por todo lo bueno que viviste y también lo malo porque de eso se aprende algo, no te guardes nada, siempre di lo que sientes porque un día puede ser demasiado tarde para hacerlo,  siempre evita acumular palabras y sentimientos, siempre desea lo mejor y manda mucha luz a la persona con la que compartiste parte de tu vida.

No existen coincidencias, todas las personas que pasan por tu vida tienen un propósito y una lección que dejarte, tal vez en el momento te pase desapercibido el mensaje pero después de tiempo lograrás descifrarlo.

Aunque ya perdimos todo contacto, agradezco infinitamente a Dios por haber cruzado nuestros caminos, nos encontramos para aprender mucho del otro, me siento feliz y satisfecha porque lo di todo y lo disfrutamos mientras duró, jamás le tendré ningún tipo de resentimiento; sigo sin saber si era la persona correcta en el tiempo equivocado, quién sabe si volveremos a coincidir en ésta ó en otra vida pero sin duda alguna no me arrepiento de nada y confío plenamente en qué vendrá algo mejor para cada uno y cada quién seguirá luchando por sus sueños.

Tal vez hoy sigo sintiendo que ser feliz no es suficiente después de haberme sentido inmensamente feliz compartiendo mi vida con esa persona, pero reconozco que estoy agradecida con lo que tengo: mi familia, mis amistades, mi trabajo y a mí misma, que son motivos suficientes para sonreír  y llenarme de esperanza nuevamente ya que la felicidad sólo depende de mí nunca de nadie más.

Con amor,

Ana

 

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